Apropiarse del espacio público, un melón a la vez: Entrevista con Carrera de Melones.

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Nos reunimos a tomar un café con nuestros amigos de Carrera de Melones, un proyecto que nació hace once años a partir de una broma pero que con el compromiso y entusiasmo de sus organizadores, la participación ciudadana y el paso del tiempo se está consolidando cada vez más como un espacio plural de diversión y convivencia que vale la pena conocer y disfrutar.

El equipo de organizadores, formado por jóvenes estudiantes y profesionistas de diversas áreas, nos contó todo sobre este singular evento.

Echemos a rodar la cucurbitácea…

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¿A quién y cómo se le ocurrió comenzar con la Carrera?
_Éramos un grupo de amigos que teníamos alrededor de 18 años y nos reuníamos frecuentemente para pensar estupideces. La idea original se le ocurrió a Ángel Robles, un pianista que hace tiempo dejó de hacer esto y le perdimos un poco la pista.

En realidad, lo que queríamos era grabar alguna cosa extraña que ocurriera en Xalapa para hacer una especie de falso documental. Así surgió la idea de una carrera de melones.

Lo hicimos un 15 de septiembre aprovechando que estaban cerradas las calles, así que llevamos algunas cámaras, tres melones, los pusimos a correr y grabamos. La idea era después hacer entrevistas a la gente que supuestamente participaba en la carrera, conocer las opiniones de los expertos, etcétera. Entonces ese día grabamos esperando únicamente hacer algunas tomas, pero la gente que estaba allí alrededor empezó a pararse a ver qué era lo que estaba ocurriendo. Después de esto nos fuimos cada quién por su lado, el chico que estaba grabando se fue a vivir al D.F. y no volvimos a saber de él, los videos se perdieron.


Al año siguiente, cuando nos dimos cuenta que se acercaba el 15 de septiembre, propusieron que volvieramos a hacer la carrera y se nos ocurrió lanzar una especie de convocatoria que tomó como base la del Maratón de la Ciudad de México, nada más cambiándole “corredores” por “melones” para ver si llegaba gente nueva que no conociéramos y hacer más interesante la grabación. Llegaron como 10 personas que no conocíamos, y respondieron a la convocatoria.

Ese segundo año no llegó el camarógrafo y se dieron los primeros premios: ¼ de jamón de cocodrilo, un vale para 2 kilos en la lavandería del papá de una amiga, y una señora que iba pasando regaló una pizza.

Para el tercer año comenzamos a invitar a la gente a donar premios y olvidamos lo de la famosa grabación, comenzó a llegar más gente. En el año 4 llegaron aproximadamente 50 personas y la carrera siguió creciendo, convirtiéndose cada vez más en una actividad de convivencia entre la gente.

Las reglas y la dinámica de la carrera han surgido de una forma casi espontánea, por ejemplo la decoración de los melones no era una base al principio sino que poco a poco la gente comenzó a llevarlos así, por lo que hicimos el concurso del melón más bonito, y muchas cosas han ido llegando así, desde los participantes.

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Ahora, mucha gente ya sabe lo que pasa la tarde del 15 de septiembre en el puente. A lo mejor no tienen ni idea de quienes somos los que organizamos esto y está bien, lo importante es que llegan muy preparados.

La Carrera de Melones se ha ido convirtiendo en una actividad cuyo verdadero valor, más allá de hacer rodar melones por una pendiente, lo que no deja de ser una actividad estúpida, está en reunir a la gente y hacer comunidad alrededor de algo que no tiene mayor fin o sustento profundo sino estar ahí y convivir.
A partir de esto hay muchas historias de gente que se ha conocido en la carrera, y es algo que esta ciudad necesita: que nos conozcamos y hablemos más unos con otros.

Yo nunca había ido y el año pasado fue mi primer carrera: siempre supe de ella, veía las fotos, pero no había podido estar allí.

Me gustó mucho: el ver gente de todo tipo conviviendo de forma impecable, aunque sea durante una tarde, es algo muy bonito.

¿Ha sido complicado alcanzar este nivel tan bueno de convivencia?
_No, esa parte ha sido sencilla porque nunca nos ha ocurrido que llegue alguien a armar bronca. Lo complicado es organizar la carrera en sí, pero la parte de la convivencia es increíble porque como dices llegan de todos lados, es gente con la que normalmente no coincidimos en otros lugares y ocurre un encuentro grato entre muchos elementos de la sociedad: hay muchas risas, diversión en un evento que reúne desde niños muy pequeños hasta personas de más de 80 años.

Los primeros entusiastas que tuvimos fueron tres borrachitos que comenzaron a echarle porras a los melones y terminaron haciendo sus apuestas (risas) y unas señoras que trabajan en Abasolo que detuvieron un momento su actividad para convertirse en espectadoras.
Eso es otra cosa interesante: que a lo mejor pensabas que el evento iba a atraer a cierto público y te encuentras con sorpresas.

A veces incluso aunque haya personas que fuera de la carrera tengan sus conflictos e historias, en ese momento las dejan de lado para concentrarse en hacer rodar su melón y divertirse juntos.

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También, poco a poco la gente se ha ido organizando más para llegar a la carrera: se reúnen desde días antes para conseguir su melón y decorarlo. Ese es otro momento de convivencia que se está convirtiendo en una costumbre.

Hemos tenido corredores internacionales: de Japón, China, Colombia, Argentina, Chile, España, etcétera…

Nos han hecho reportajes en medios nacionales y extranjeros.

¿Y la parte económica de la Carrera?
_Ese es un tema importante: siempre hemos querido mantener a Carrera de Melones como un evento gratuito para los participantes. No cobramos inscripciones ni nada, pero sí se genera un movimiento económico alrededor de ella, especialmente para nuestros patrocinadores, que siempre buscamos que sean negocios locales, pequeños, que estén buscando darse a conocer y que, aprovechando esta convocatoria, les sirva a ellos para este fin.

Hemos tenido historias de éxito, por ejemplo de una chica que tiene un sitio web que llegó a la carrera a repartir publicidad impresa y aumentaron bastante sus ventas. Ese es otro objetivo que ha surgido con el tiempo.

Otra cuestión interesante es que nunca hemos querido dar mensajes políticos o sociales directamente, pero han ocurrido eventos espontáneos en los que la gente refleja estas cosas. No es un tema de que no tengamos posturas al respecto o que no haya compromiso por parte de nosotros, sino que nuestra intervención no es necesaria: ocurren por sí mismas.

Por ejemplo, hace dos años la carrera ocurrió el día siguiente del desalojo de la Plaza Lerdo en el que todo mundo estábamos con algo de miedo, y se notó. Aparecieron ciertas señales entre los asistentes sin necesidad de que nosotros como organizadores movieramos nada, y ha sucedido otras veces. Recuerdo cuando comenzaron a elevarse los niveles de violencia en la ciudad, por ahí de 2011, llegó una patrulla a vigilarnos y la gente tenía cierta actitud.
Al final no es necesario que uno haga mucho más que reunir a las personas para convivir, lo que en sí es un acto más político que muchas cosas.

La organización de un evento de esta naturaleza, rodeado de valores tan esenciales, es una lección (y a lo mejor también una bofetada con guante blanco) para los políticos, tan afectos a repetir en su discurso el concepto de reestructurar el tejido social y que en la práctica no se ve.
_ Sí, es así, pero creemos que incluso ellos se han dado cuenta de que se trata de un evento de naturaleza neutral, apolítica y que las manifestaciones que ahí ocurren no surgen desde la organización e identifican que se trata de un espacio de convivencia por lo que han ido cambiando las cosas.

El año pasado también llegaron por allí, pero en lugar de tener una actitud vigilante se acercaron a apoyarnos cerrando la calle con una patrulla y moviendo del puente a los vendedores ambulantes para que la carrera pudiera hacerse sin problemas.

Cuando aparecieron y se identificaron como personal de Protección Civil pensamos que no nos iban a permitir hacer la carrera, pero fue al contrario, nos dijeron que estaban allí para que se realizara en orden y sin problemas.

Esto es otra muestra de que alrededor de algo sin sentido se mueven cosas: convivencia, economía local e incluso las autoridades tienen que intervenir para facilitar que ocurra algo que hace la gente por sí misma y no algo que venga desde allá.

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Xallitic es un barrio muy singular. El puente y los alrededores son un gran escenario en el que ocurren cosas de todo tipo: desde los jueves de cumbia en que la explanada de los lavaderos se convierte en una pista de baile y diversión, hasta la gente que se lanza del puente… se trata de un espacio en el que pasan muchas cosas.

Para mi fue una sorpresa muy grata vivir la carrera por primera vez porque de pronto pueden existir prejuicios sobre muchas cosas. Había leído comentarios e incluso algún texto un poco más amplio en el que mencionaban que la carrera era una tontería, organizada por un montón de chavos sin mayor objetivo que divertirse y un tanto elitista. En cuanto llegas al lugar con tu melón te das cuenta que es una crítica absurda, carente de sustento.

¿Qué tan complicado fue apropiarse temporalmente de ese espacio para hacer que la carrera ocurriera?
_En realidad no mucho, porque aprovechamos que ese día la calle está cerrada por los festejos del grito, pero ha tenido sus momentos curiosos. Una vez llegamos y la calle estaba abierta, por lo que tuvimos que llamar a Tránsito. Mientras marcaba desde el teléfono pensaba cómo les iba a explicar por qué tenían que cerrar la calle, así que les dije la verdad: que se trataba de una carrera de melones.
Al otro lado de la línea me preguntaban: “¿De qué, de ciclistas? Ahorita les mandamos una patrulla, nada más háganlo con cuidado”. Antes de colgar vimos que las personas de una frutería del barrio ya estaban colocando cajones de madera y luego se unió el señor de un carrito de hot-dogs para impedir el paso a los autos.

La apropiación de los espacios públicos únicamente es posible con la participación de la gente. Es gracias a esto que seguimos haciéndolo.

A lo largo de estos once años se ha sumado mucha más gente al equipo. Ahora mismo estamos dos de los que comenzamos con esto, pero se han unido muchos chicos, lo que nos alegra y hace pensar que los melones seguirán rodando, independientemente de nuestra presencia.

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Comenzaron con tres melones, ¿cuántos participaron la última carrera?
_174 más los melones de los patrocinadores, pero la que ha tenido mayor participación fue la novena, en la que tuvimos casi 200 participantes.
A partir de ahí, por cuestiones de logística, tuvimos que restringir a un máximo de 200 melones y que fuera por equipo.

Once años se dice rápido, pero no es fácil llevar un proyecto durante tanto tiempo, con un equipo cambiante pero siempre comprometido e innovador, eso no se ve todos los días y es de aplaudirse.
_Gracias.
Sí, el año pasado por ejemplo tuvimos una exposición fotográfica de los 10 años de Carrera de Melones que se movió por varios lugares. Entre esos una escuela primaria donde los niños nos hicieron algunas de las preguntas más extrañas que hemos escuchado en la vida: por ejemplo querían saber si era posible meter un bebé dentro de un melón (caras de espanto).

También la llevamos a la décima edición de Fin de Mercadito, donde además dimos una charla.
Se trató de la primera vez que tuvimos actividad fuera de los tiempos de la carrera, y fue muy interesante.

La noche del 15 celebramos la primer década con una fiesta en la que consumimos varios de los melones corredores en distintos platillos y bebidas.

A los participantes les preguntábamos si ya no iban a usar su melón, les decíamos que podían donarlo y funcionó muy bien. Fue la primera vez que se les dió un segundo uso a los melones.

¿Son ciertas las historias de que Carrera de Melones alguna vez se enfrentó al intento de sabotaje de un grupo de fundamentalistas veganos?
_Sí, fue en la séptima carrera y se basó en el absurdo argumento de que no entendían cómo tirábamos melones mientras en África hay niños muriéndose de hambre…
Se hizo un movimiento de unas 40 personas que estuvieron haciendo ruido en Facebook pero al final se quedó en eso, en un caso más de activismo de hashtag y la realidad se impuso: el día de la carrera todo mundo llegó con el entusiasmo de siempre.

Creemos que todo se originó por desconocimiento, pues se trataba de personas que nunca habían asistido y probablemente nos imaginaban tirando melones a diestra y siniestra desde el puente.

Por ahí escuchamos la historia de alguien que congeló un melón ganador para llevarlo a participar el año siguiente…
_Sí, es verdad, lo malo es que cuando lo descongelaron para su segunda carrera se desbarató en los primeros metros recorridos.
La criogenia no le sentó nada bien.

Hay personas que se preparan muy bien para la carrera. Desde días antes buscan, seleccionan y decoran su melón. Se despierta la pasión de la gente.

Tengo un amigo que trabaja en un supermercado y siempre me pregunta que si ya viene la carrera, porque comienza a ver gente en la tienda que discretamente llega a la sección de vegetales y los hace rodar un poco por el suelo.

Recuerdo el año pasado, que como novatos que éramos nos juntamos el día de la carrera varios amigos y nos costó mucho trabajo encontrar un melón en todo el centro de la ciudad.
_Sí, se agotan. Algunos fruteros incluso hacen descuentos para participantes. Es algo bonito.

En mi primer carrera compré 3 melones y los probé un poco antes en una calle con pendiente para escoger al más veloz.

La carrera es algo que se está convirtiendo en una bonita tradición de la ciudad…
_Es algo de lo que hablamos alguna vez, que nos encantaría que forme parte de Xalapa. No nos importa que trascienda quién la organiza o por qué, sino que siga siendo este punto de encuentro, convivencia y diversión plurales.

Tenemos una amiga que da clases en una primaria. Nos contaba que un día los niños estaban hablando sobre tradiciones del lugar de donde son y alguno de ellos mencionó la Carrera de Melones. Eso nos saca las sonrisas y en el registro fotográfico podemos ver crecer a niños que han participado desde pequeñitos.

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El que ocurran estas cosas es una muestra de la avidez de la gente por encontrar espacios de convivencia. También de que a veces con facilitar algo es suficiente para que ocurran cosas extraordinarias y se abran canales para expresar y comunicar cosas, ya sea políticas, de la actualidad deportiva o de lo que se quiera…
_En Xalapa están surgiendo cosas buenas, por ejemplo lo que hacen ustedes en Fin de Mercadito, que va creciendo y dando estos espacios, moviendo la economía de una forma distinta.

En realidad la administración pública lo tiene sencillo: lo único que tiene que hacer es facilitar las cosas a los que las estamos haciendo. Tenemos una sociedad madura en ese sentido, y hay que estimularla para que continúe por ese camino y existan cada vez más espacios de participación.

Aunque a veces puede ser un reto complicado hacer que los extraños interactúen…
_Con los asistentes a la carrera no lo es tanto, pues se trata de personas muy tolerantes al ridículo y que se sienten muy a gusto entre sí. El absurdo nos une.

Y total, el video no existe…
_No caray, cada año hay alguien que va a grabar, o a hacer un documental y todavía nada.
Este año, para que no se pierda la tradición, ya tenemos a los video entusiastas preparados.

Nos han entrevistado un montón de veces pero no hemos visto resultado aún, algunas veces hemos visto cámaras profesionales y han llegado de televisoras.

A lo mejor un día finalmente lo tengamos.

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Bueno, pues vamos a ir cerrando la entrevista deseándoles una bonita 11ª Carrera de Melones, larga vida al proyecto y esperando poder hacer más cosas juntos.
Nosotros ya estamos preparando nuestro melón y estaremos por allí corriendo con el equipo Fin de Mercadito.

Ustedes, estimados lectores, no olviden visitar y darle me gusta a la Fan Page de Carrera de Melones, leer bien el reglamento, armar su equipo, preparar su melón y acercarse al puente de Xallitic mañana martes a partir de las 4:00 p.m.

Se lo van a pasar en grande.