Romper con lo esperado: entrevista con Daniel Berman (parte 1).

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La semana pasada nos escapamos de la ruidosa ciudad con destino a La Orduña, para visitar el sótano/taller donde Daniel Berman hace de las suyas.

Esta es la primera parte de la entrevista en la que conoceremos un poco más sobre el autor detrás de la ilustración del cartel de la duodécima edición.

Nombre: Daniel Berman Loya.
Edad: 33 años.
Ciudad de nacimiento: Naranjos, Veracruz.
Profesión: Artista visual (Licenciado en artes plásticas), especializado en grabado.
Hobby: Veo mucho Internet, no sé si es un hobby, un defecto o un vicio. Veo mucho Internet… veo muchas pendejadas en Internet. También juego ping-pong.

¿Cómo eras de chamaco?
_Bastante introvertido y crecí muy metido en el deporte.
Hasta el final de la secundaria hacía de todo: fútbol, béisbol, natación, tenis.
Le metí a todo, de deportes hacía lo que tenía a la mano.

Todo el rollo del arte, de pensar que con el dibujo se podía llegar a hacer otra cosa ya llegó más tarde, como en la prepa quizá.

¿Cómo fue que te topaste con el arte?
_Creo que fue casualidad, porque la única noción que tenía antes de llegar a la Universidad era estudiar diseño gráfico, que dentro de mi panorama en ese momento era la única alternativa que veía para utilizar el dibujo como herramienta de trabajo.

Yo venía de Tampico, y antes de ahí había vivido en Naranjos, pero al llegar a Xalapa fue donde se abrieron otras posibilidades. Específicamente la posibilidad de hacer arte y de vivir haciendo arte.

¿Así que no llegaste para estudiar artes plásticas?
_No, venía a estudiar diseño gráfico.
Llegué a la U.V. pero no entré en mi primer intento. Pasé un año en la Gestalt y después de ese año volví a aplicar… volví a no quedar, pero en el tercer intento sí quedé, por corrimiento de lista pero quedé, por aferrado más que nada, pero no fue fácil para mi entrar a la Facultad.

En la Gestalt me enfoqué en el diseño, como es natural, y en ese tiempo me encontré con grabados, en carteles sobre todo, y desde el principio fue algo que llamó mi atención y me capturó.
Aunque tenía una idea vaga de la técnica, desconocía los detalles de cómo se hacía y demás, hasta que al entrar a la U.V. descubrí el taller de grabado.

Y fue entonces que te convertiste en un grabador de hueso colorado…
_No soy un gran conocedor del grabado en su forma más ortodoxa. Aprendí a usar la madera, el linóleo y poco a poco conocí algunas otras técnicas, pero no soy un gran conocedor de ellas, a pesar de que sí he buscado desarrollar mi técnica.

¿Cuál fue la mayor enseñanza que te dejó tu paso por la Universidad?
_Yo creo que mi mayor aprendizaje en la Facultad vino de toda la libertad que teníamos para hacer y deshacer a nuestro gusto, porque los talleres estaban abiertos completamente para que uno entrara y trabajara, y además la manera en que nos enseñaban era un tanto circunstancial, no era rígida sino todo lo contrario, muy libre: uno iba averiguando cosas y luego las cotejaba en el taller.

La enseñanza más fuerte fue hacer conciencia de esa libertad total que tienes, y cómo usarla de manera que sea provechosa para ti. Porque podías ir o no a la Facultad e igual sabías que podías pasar una materia, pero el reto era cómo hacer de ese tiempo muerto o que aparentemente a nadie le importaba, algo que sirviera para mi formación, hacerte responsable de tus propias acciones, hacerte productivo porque lo necesitas no porque te lo piden.

Me considero parte de una generación que compartió estas condiciones, que fueron las que nos obligaron a ponernos las pilas, a generar nosotros mismos nuestros propios conocimientos y la manera de entender los procesos técnicos.

Lo que también puede ser un arma de doble filo: si no te exigen es muy cómodo tirarse a la hueva.
_Exacto, y creo que estuve en ese filo tan finito que está entre cagarla y echar la hueva y hacer cosas que mejoran con el tiempo.

¿Algun consejo para los que estudian o los que quieran estudiar artes?
_La primera vez que fui, me acuerdo que Marita la secretaria me obligó a dar un recorrido y preguntarles a güeyes ya rucos.
“Pregúntales y a ver qué te dicen”, me ordenó Marita, y lo primero que me dijo un vato fue: “Aprovecha que todavía no estás aquí y sal corriendo”.
(Risas)
Tal vez yo les diría lo mismo: Aprovechen que todavía no se inscriben y busquen otra manera de aprender.
(Más risas)

No, ahora en serio, mi consejo sería que se ocupen menos de la apariencia y más de qué quieren hacer, de encontrar un lenguaje y darse cuenta de por qué están ahí.
La sustancia de las cosas está en tener algo que decir y algo que aportar. Entender que no hay cosas nuevas, sólo nuevas perspectivas para abordar los temas que siempre se han tocado.

En nuestra entrevista anterior, Daniela Rivero de MASA nos decía que le gustaría llegar a ser artesana, dominar el oficio, crear con un objetivo, buscando evitar que se pierda la sustancia. ¿Compartes esta búsqueda?
_Creo que mi búsqueda es convertirme en un autor, no importa si como artista, como artesano o cualquier otro título. Mi intención es lograr un trabajo de autor.

El proceso para encontrar un estilo es largo, y toma muchos años. ¿Tú crees haber llegado a ese momento cuando dices: esto soy yo, este es mi estilo?
_No creo que haya llegado a ese punto. Hasta ahorita las cosas se han ido conectando una atrás de la otra: he encontrado maneras de resolver mis grabados, de resolver cuando quiero dibujar, cuando quiero hacer ilustración, o cuando quiero pintar, y poco a poco lo que ha pasado es que voy acumulando más información y más elementos que van cargando de más matices a las cosas que hago. Seguramente hay una línea que las conecta a todas y supongo que ahí es donde está el estilo, pero no estoy muy preocupado por decir “éste es mi estilo”, en todo caso estoy más preocupado por romper con eso cada vez que empiezo algo nuevo.

Un poco fue lo que pasó con el cartel para la duodécima edición de Fin de Mercadito: les mandaba algo que tal vez no relacionaban con lo que hago, o no era lo que esperaban que mandara.  Busco constantemente esa dinámica de romper con lo que se espera de mi.

A lo mejor los personajes, los monos tipo cómic es lo que más identifica mi obra, pero hay muchas cosas distintas que se acercan a otro lenguaje… a veces más abstracto, a cosas donde involucro el sonido, hay más elementos. El que tengo más a la mano es todo este mundo de figuras como caricaturas, y me doy cuenta que es lo que más se identifica de lo que hago. Lo sigo haciendo porque todavía me divierte y es muy natural para mi, es lo que he hecho toda la vida, entonces ese estilo que he tenido durante tantos años, con el tiempo se ha sumado a haber pulido técnicas, haber encontrado nuevas técnicas que hacen que estos personajes estén cada vez más resueltos desde mi punto de vista.
Pero mi interés es todavía más amplio que eso.

En la actividad artística siempre tienes alguna manera natural de resolver cosas. Puede tratarse de técnicas con las que te sientes más cómodo, dominas más y sabes que no te van a fallar, pero si te quedas estacionado en eso pierdes dinamismo…
_Exacto. Pienso que de alguna manera es anticiparse al desgaste de un lenguaje.

En mi caso, a la par de las ilustraciones, de los muñecos o de lo que sea, voy tirando líneas que van por otros caminos paralelos, que en su momento van a cobrar mayor importancia, creo yo, o van a encontrar la manera de conectarse, aunque no sé bien cuándo.

Para mi las exposiciones son esos momentos clave en donde comienzas a generar esas vueltas de tuerca. Conforme van habiendo oportunidades de mostrar cosas es donde tengo la posibilidad de modificar mi discurso, enriqueciéndolo o haciéndolo otra cosa.

Creo que tus personajes marcan mucho lo que haces… obviamente todo lo que te rodea, esas horas de Internet que nos decías al principio de la charla, son la materia de donde surge tu trabajo pero, ¿tienes algún foco muy fuerte de inspiración?
_Yo creo que no, pero Lucía, mi pareja, piensa que muchos se parecen a mi familia, lo que podrían tomar como una ofensa porque pienso que están bien pinches feos mis personajes.
(Risas)

A lo mejor no lo había hecho consciente, pero después de mucho tiempo de revisar y escuchar comentarios como ese, finalmente te das cuenta que sí, que los ojos se parecen a los de la familia o si no en las imágenes como tales, los contenidos vienen de ahí.

Veo mucho del contenido en referencias autobiográficas de la familia, no tanto en las figuras sino en los contenidos. Hay muchos fragmentos de historias, de anécdotas del pueblo donde nací, que están en las imágenes, los grabados, las pinturas.
Esa es la semilla de todo, y ahora hay más elementos, pero lo más fuerte está ahí: en las relaciones familiares y con el lugar en el que nací y crecí.

Sabemos que haces muchas cosas: exposiciones, concursos, intervenciones en la ciudad, vendes tu arte ¿qué es lo que más disfrutas, con qué te sientes más cómodo?
_Hago de todo porque me aburro fácilmente.

Una manera de evitar la aburrición y el estancamiento es saltar de uno a otro soporte.
También hay temporadas: algunas disfruto mucho dibujar en la mesa en casa, pero de pronto me entra la necesidad de pasarme a una pared, hacer cosas más sucias o tiradero, y una vez que lo agoté, eso mismo me regresa a un cuaderno muy limpio, muy ordenado.

Lo último que hice el año pasado fue una pieza de escultura que me gusta mucho porque en su realización estuvimos involucradas unas 6 o 7 personas. Se llama Gonzo y la forma en que se desarrolló es una de esas vueltas de tuerca de las que hablábamos antes.
Esta idea de colaborar y generar un proyecto entre varias manos me interesa, porque en general busco hablar con la gente para enriquecer mi propio proceso.
Normalmente estoy muy ensimismado, pero al mismo tiempo muy atento de lo que podría aportarme la gente que me rodea.

La idea general es mía: yo la boceteé y la proyecté. La escultura la tallaron en madera los hermanos Tera, que son unos artesanos de Michoacán que hacen esculturas religiosas para iglesias. Luego la pintaron con estuco, que es una técnica renacentista.
El diseño de los circuitos de audio y luz es de Javier Sánchez, un amigo del D.F., y el discurso que reproduce Gonzo es una colección variada de voces: desde Bruce Lee, Samuel L. Jackson hasta muchos otros. La selección es de Rigo, otro amigo que escribe.  Yo la intervine cerca del final del proceso, cuando estaba casi lista.

Se trata de una escultura en madera que tiene un sistema de audio y luz que hace que hable y cobre vida. Es un conjunto de elementos y disciplinas mezcladas en su elaboración que individualmente hubiera sido muy difícil de conseguir.
La manera en que fluyó todo el proceso fue muy natural, y el trabajo en equipo provoca que se abran nuevos caminos por explorar.

Hasta aquí la primera parte de esta entrevista.

Para conocer más del trabajo de Daniel, los invitamos a visitar su sitio oficial: www.danielberman.com.mx

Estén pendientes de la segunda entrega, en donde hablaremos de proyectos alternativos, búsquedas personales y lo que viene en los próximos días para Daniel Berman.

Finalizamos por hoy con el cartel de la duodécima edición:

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